Hernia discal: síntomas, causas y los tratamientos más efectivos

El dolor de espalda forma parte del día a día de muchas personas. Jornadas largas frente al ordenador, malas posturas o esfuerzos puntuales pueden acabar pasando factura. En la mayoría de los casos se trata de molestias leves, pero cuando el dolor persiste, se intensifica o se extiende hacia brazos o piernas, conviene prestar atención. Detrás de esos síntomas puede encontrarse una hernia discal, una afección frecuente que no siempre se identifica a tiempo.
Comprender qué está ocurriendo en la columna es clave para recuperar la calidad de vida y evitar que el problema vaya a más. En este artículo repasamos qué es una hernia discal, cuáles son sus síntomas, por qué aparece y qué tratamientos han demostrado ser más efectivos para cuidar la salud de tu espalda a largo plazo.
¿Qué es una hernia discal?
Para comprender qué es una hernia discal, primero debemos imaginar cómo funciona nuestra columna vertebral. Entre cada vértebra existen unas almohadillas llamadas discos intervertebrales. Estos discos actúan como amortiguadores, evitando el roce entre los huesos y facilitando el movimiento. Están compuestos por una parte externa dura (anillo fibroso) y un núcleo gelatinoso y suave.
Una hernia se produce cuando el anillo exterior se debilita o se rompe, permitiendo que parte del núcleo gelatinoso salga hacia el exterior. Esto puede comprimir los nervios cercanos, generando dolor. Es importante no confundirla con una protrusión discal, que es el paso previo: en la protrusión, el disco se deforma pero el núcleo no llega a salir del todo.
Aunque puede aparecer en cualquier parte de la columna, las zonas más habituales son:
- Zona lumbar. La más frecuente, afectando a la parte baja de la espalda.
- Zona cervical. Afecta al cuello y es común en personas con mucha tensión acumulada o malas posturas de oficina.
Hernia discal: síntomas más frecuentes
Los síntomas de una hernia pueden variar enormemente de una persona a otra. Curiosamente, hay personas que tienen hernias y no sienten dolor, mientras que para otras puede ser incapacitante. La clave suele estar en si la hernia está presionando o no una raíz nerviosa.

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Los signos más habituales incluyen:
- Dolor localizado o irradiado. En las hernias lumbares, es común sentir un dolor punzante en los glúteos que baja por la pierna (la famosa ciática). En las cervicales, el dolor suele bajar del cuello hacia el hombro y el brazo.
- Hormigueo o entumecimiento. Sensación de «alfileres y agujas» en las extremidades afectadas.
- Debilidad muscular. Puedes notar que te falla la fuerza al intentar levantar objetos o incluso al caminar.
- Limitación de movimiento. Dificultad para agacharse, girar el cuello o mantener una postura erguida.
Hernia discal: síntomas graves que requieren atención médica
Aunque la mayoría de los casos se pueden manejar con tratamiento conservador, existen señales de alerta que no debes ignorar. Ante una hernia discal, síntomas graves como los siguientes indican que la compresión nerviosa es severa y requiere una valoración médica urgente:
- Dolor intenso y persistente. Un dolor que no cede con reposo ni medicación básica y que te impide realizar cualquier actividad cotidiana.
- Pérdida de fuerza marcada. Si notas que el pie se «cae» al caminar (dificultad para levantar la punta del pie) o pierdes fuerza drástica en un brazo.
- Alteraciones de la sensibilidad. Pérdida de sensibilidad progresiva en la zona interna de los muslos o alrededor del recto.
- Problemas de control de esfínteres. La dificultad para orinar o la pérdida de control intestinal son signos de una emergencia médica conocida como síndrome de cauda equina.
Si experimentas alguno de estos síntomas, acudir rápidamente a un especialista es vital para evitar secuelas permanentes.
Principales causas de la hernia discal
¿Por qué se rompen estos discos? Generalmente, no hay una única causa, sino una suma de factores. El principal enemigo es el envejecimiento natural. Con los años, los discos pierden hidratación y elasticidad, volviéndose más propensos a agrietarse ante cualquier presión.
Sin embargo, nuestro estilo de vida juega un papel fundamental:
- Malas posturas. Pasar muchas horas sentados sin ergonomía o conducir largas distancias aumenta la presión en los discos.
- Sobreesfuerzos físicos. Levantar objetos pesados usando la espalda en lugar de las piernas es una causa clásica de lesión aguda.
- Sedentarismo. Una musculatura de la espalda débil no sujeta bien la columna, dejando toda la carga a los discos.
- Factores laborales. Trabajos que requieren movimientos repetitivos de torsión o vibración constante.
¿Es bueno andar con hernia discal?
Esta es una de las preguntas más frecuentes entre quienes la padecen: ¿es bueno andar con hernia discal? La respuesta es sí, generalmente es muy beneficioso, pero con matices.
El reposo absoluto en cama, que antiguamente se recetaba mucho, hoy en día se desaconseja más allá de los primeros días de dolor agudo. Caminar a paso suave y en terreno llano ayuda a:
- Mejorar el flujo sanguíneo hacia la columna, facilitando la nutrición del disco.
- Fortalecer la musculatura que sostiene la espalda sin impacto agresivo.
- Mantener la flexibilidad.
No obstante, debes escuchar a tu cuerpo. Si caminar aumenta el dolor irradiado hacia la pierna, debes parar. Evita terrenos irregulares, cuestas pronunciadas o caminar cargando peso (como bolsas de la compra). Siempre debe ser una actividad pautada o supervisada por tu médico o fisioterapeuta, quienes te indicarán qué actividades evitar (como correr o deportes de contacto) hasta que la lesión se estabilice.
Tratamientos más efectivos para la hernia discal
La buena noticia es que la gran mayoría de las hernias discales no requieren pasar por el quirófano. El tratamiento suele ser escalonado, comenzando siempre por las opciones menos invasivas.
Tratamientos conservadores:
Son la primera línea de defensa y suelen ser efectivos en unas semanas:
- Fisioterapia. Vital para aliviar el dolor, reducir la inflamación y, sobre todo, aprender ejercicios de fortalecimiento y reeducación postural.
- Medicación. Analgésicos, antiinflamatorios y relajantes musculares prescritos por el médico para controlar la fase aguda.
- Reposo relativo. Mantenerse activo dentro de lo posible, evitando solo aquello que causa dolor.
Tratamientos intervencionistas:
Si lo anterior no funciona, se puede optar por:
- Infiltraciones. Inyecciones de corticoides en la zona afectada para reducir la inflamación local potente.
- Cirugía. Reservada para casos donde hay daño neurológico progresivo o el dolor es insoportable tras meses de tratamiento conservador.
Para confirmar si el origen de tu dolor es una hernia, la exploración clínica es esencial, pero las pruebas de imagen son definitivas. La Resonancia Magnética (RM) es la prueba reina, ya que permite ver con gran detalle los tejidos blandos (discos y nervios). En algunos casos, se puede complementar con un TAC o radiografías para ver el estado de los huesos.
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